Y es que aunque ya estés crecidito, te sigue atrapando esa ilusión de levantarte por la mañana y contemplar los regalos esperándote en el salón, a pesar de que la crisis se deja notar en la contención del gasto en estos últimos tiempos. Otro aliciente de esta fecha es el de ver la cara de tus padres, tus hermanos o tus primos cuando abren los regalos que habías escondido en casa con sumo cuidado para que no los encontrasen…y el rosco, y el chocolate caliente, y pasarte la tarde embobado con los nuevos juguetes de los más pequeños, poniendo en ellos más interés incluso que los propios críos (que te miran, entre estupefactos y cabreados, mientras peinas a su Barbie o intentas desentrañar los misterios del nuevo Magia Borrás).
Te das cuenta de que al menos, las pasadas semanas representadas por tiendas a rebosar y calles llenas de coches impacientes han tenido cierta razón de se, y ésa no es otra que la de crear ilusión, aunque ésta sea efímera y para ello tengamos que valernos de estúpidos, o no tan estúpidos objetos materiales. Como suele decirse, la “intención es lo que cuenta”, y esto es precisamente lo que nos queda siempre en la mente tras el día de Reyes.
jueves, 6 de enero de 2011
domingo, 2 de enero de 2011
Sonrisa de domingo
Parece que la maldita Navidad, esa época en la que a todos nos toca ser (estar, o parecer) inmensamente felices, va tocando a su fin. Creo que cuando a las personas nos ocurren cosas negativas y atravesamos momentos difíciles, año tras año, estamos psicológicamente diseñados para sentirnos aún peor en esas fechas, inmersos muchos en esa sensación pegajosa de estar “hundidos en la mierda”, aunque eso sí, tratando de hacer que se entere de ello el menor número de personas posible, no vaya a ser que contravengamos el espíritu pacífico-armonioso navideño y nos tachen de “tristes” o aguafiestas. Y lo peor quizá sea pensar en que, con la vuelta a la rutina, esos sentimientos no habrán desaparecido, puede que tan sólo queden semiocultos y anestesiados bajo las prisas del día a día y los momentos realmente buenos que te sucedan, aquellos que lástima, suelen ser terriblemente breves.
La Navidad a muchos no nos pone de buen humor: nos hace pensar en aquellos que perdimos, en lo que tuvimos y desapareció, y en las personas que nos acompañan, a las que queremos, y que desgraciadamente lo están pasando mal. Pero bien sea por acuerdo tácito en la sociedad, o por nuestro propio afán de superación, manda tirar para adelante, y sonreír, e intentar disfrutar los pedacitos de felicidad que algunas personas te regalan, junto con su amistad y comprensión, en días así. No hay nada como buscar esos momentos, cuando sientes que algo en ti va a la deriva, y a duras penas contienes tus ganas de llorar. Por tanto, gracias a todos los que contribuyen a hacer olvidar la persistente negatividad de la memoria, y a hacernos pensar en lo bueno que está por llegar, sin mayores pretensiones.
Por cierto, este año, como todos, los buenos propósitos no van a dejar de ser un mero trámite para sentirnos bien los primeros días de enero, esa especie de placebo con el quedar bien con nosotros mismos para intentar cambiar nuestra vida. Ante esto, creo que vale más la pena dejarse llevar, e intentar sonreír un poco cada día, aunque no siempre tengamos ganas; ya que lo que verdaderamente merece la pena de la vida no tiene por qué surgir premetidamente, ni ser resultado de una lista de buenas conductas.
Sonreír siempre es bueno, para nosotros y para los demás. Quizá una pizca de hipocresía navideña no nos venga tan mal, si la utilizamos a nuestra manera.
La Navidad a muchos no nos pone de buen humor: nos hace pensar en aquellos que perdimos, en lo que tuvimos y desapareció, y en las personas que nos acompañan, a las que queremos, y que desgraciadamente lo están pasando mal. Pero bien sea por acuerdo tácito en la sociedad, o por nuestro propio afán de superación, manda tirar para adelante, y sonreír, e intentar disfrutar los pedacitos de felicidad que algunas personas te regalan, junto con su amistad y comprensión, en días así. No hay nada como buscar esos momentos, cuando sientes que algo en ti va a la deriva, y a duras penas contienes tus ganas de llorar. Por tanto, gracias a todos los que contribuyen a hacer olvidar la persistente negatividad de la memoria, y a hacernos pensar en lo bueno que está por llegar, sin mayores pretensiones.
Por cierto, este año, como todos, los buenos propósitos no van a dejar de ser un mero trámite para sentirnos bien los primeros días de enero, esa especie de placebo con el quedar bien con nosotros mismos para intentar cambiar nuestra vida. Ante esto, creo que vale más la pena dejarse llevar, e intentar sonreír un poco cada día, aunque no siempre tengamos ganas; ya que lo que verdaderamente merece la pena de la vida no tiene por qué surgir premetidamente, ni ser resultado de una lista de buenas conductas.
Sonreír siempre es bueno, para nosotros y para los demás. Quizá una pizca de hipocresía navideña no nos venga tan mal, si la utilizamos a nuestra manera.
domingo, 19 de diciembre de 2010
micropasiones
Suave es la cadencia con la que tus pies se deslizan por el suelo, mientras van al encuentro de unas robustas piernas con las que entrelazarse. Tan sugerentes tus contoneos, tan gráciles tus rápidos pasos envueltos en unas provocativas e impecables medias de rejilla, que pareces la arrogante dueña del vaivén de las olas del mar, pues a veces te luces cadenciosa y sosegada, e impredecible y furiosa inmediatamente después. Maga arrabalera de aquel tu Buenos Aires querido, sanadora de almas en pena que sucumben ante tamaña dulzura y maestría técnica, aderezada con embriagadores ademanes capaces de trastocar los masculinos sentidos de quienes bailan a tu son: al fin ha llegado tu momento. Puedo sentirlo en esta madrugada asfixiante, en mis apretadas carnes rebosando calor, presas entre el ajustado corsé y unas medias que dicen, no me sientan tan bien como a ti. En ellas escondo mi revólver.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Sin rumbo
Buscando tu mirada, encontré reproche
No me culpes por pensar que ya nada es igual
Me dijiste que ansiabas mis palabas y mi risa
Pero una vez más, te veo volar...
Si te alejas, ¿cómo podré encontrarte?
Y si arranco a andar, tras de ti
¿Querré, por fin, darte alcance?
No me culpes por pensar que ya nada es igual
Me dijiste que ansiabas mis palabas y mi risa
Pero una vez más, te veo volar...
Si te alejas, ¿cómo podré encontrarte?
Y si arranco a andar, tras de ti
¿Querré, por fin, darte alcance?
jueves, 4 de noviembre de 2010
Mañana mismo me voy contigo
Me largo de esta mierda de ciudad, bien lejos,
en busca de respuestas perdidas; de sensaciones tan potentes como extrañas, de enfermizo bienestar
Y es que si todo lo que deseo parece irracional, hipotético, voluble, casi un imposible...es porque al menos hasta ahora, nada de lo premeditado marchó como yo quise. Pero el instinto me dice "ve, y prueba", y por esta vez, no iré en su contra.
Me largo de esta mierda de ciudad, bien lejos,
en busca de respuestas perdidas; de sensaciones tan potentes como extrañas, de enfermizo bienestar
Y es que si todo lo que deseo parece irracional, hipotético, voluble, casi un imposible...es porque al menos hasta ahora, nada de lo premeditado marchó como yo quise. Pero el instinto me dice "ve, y prueba", y por esta vez, no iré en su contra.
domingo, 5 de septiembre de 2010
more
Esta noche no consigo dormir, y cuando no duermo, me da por pensar de forma descontrolada. Pienso demasiado, y he decidido ponerme a escribir para ver si se me pasan las ganas de darle vueltas a la cazuela. Pero nada oye, aqui sigo preguntándome por un mañana al que temo, y por mi molesta adiccion al malgaste de tiempo, a posponer lo irremediable.
Sigo dudando, y sigo sin sueño,los ojos como platos. Malditos domingos.
Sigo dudando, y sigo sin sueño,los ojos como platos. Malditos domingos.
sábado, 13 de marzo de 2010
Cállate, cállate!...que me desesperas!
"Habla, habla sin cesar…¿pero os habéis preguntado si realmente sabe lo que dice, si hay algún sentido en sus palabras? La palabrería me marea, me turba, me hace progresivamente perder el interés en lo que se”discute”. Finalmente acabo en la luna de Valencia, o al menos, lejos de las huecas divagaciones del sujeto en cuestión, aferrada a mis idas y venidas mentales, sin duda más interesantes para mi que lo que el tipo en cuestión farfulla a velocidades lumínicas. Ojalá se diese cuenta de que cerrando la boca,el beneficio sería doble: primero, para su maltrecha y seca garganta; y segundo para mis oídos y mi saturado cerebro. Por lo menos hasta que realmente tenga algo que contar. ¿Acaso no decían los antiguos que “la naturaleza nos ha dado dos oídos y una sola boca para recordarnos que vale más escuchar que hablar”?. Toca aplicarse el cuento."
Suscribirse a:
Entradas (Atom)